domingo, noviembre 18, 2007
Un lugar de encuentro social y anónimo
Una buena manera para apreciar el ritmo de una ciudad es observar la gente en los medios de transporte, cómo se miran entre ellos, cómo andan por los pasillos del metro o simplemente como esperan. La cadencia de su andar parece estar marcada por un ritmo impuesto por un general de guerra o quizás atemorizados, escapan del laberinto de túneles como si algo desconocido les persiguiera. A veces parece estar todo programado, de 8 a 9 hora punta y otra vez a las 12h a las 14h y a las 19h, y así todos los días, semanas y repetitivamente igual con la precisión de un reloj. Incluso podrías saber qué momento del día es si te metes en un metro cualquiera. Una planificación vertiginosa.
Es un lugar de encuentro social y anónimo, no conoces nada de nadie y lo único en común es un vagón estrecho donde las miradas se esquivan, las palabras se evitan y sólo cuenta llegar a tu destino. Pero lo bueno es la diversidad de gente que entra, es un sitio de mezcla forzada y mucha gente lo tiene que utilizar. Una convivencia rítmica muy interesante que puede reflejar muy bien muchos aspectos de una ciudad, y que todo espectador externo tiene que detenerse a observar.
Etiquetas: metro paris
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