viernes, enero 26, 2007
La rosa sangrante
Esan son las palabras que se designan a la gente que vive en la calle, en cualquier sitio… en el metro, en las estaciones de trenes, cerca de canales o en una acera inesperada.
Cómo me puedo sentir cuando estoy cerca de entrar en casa y miro hacia abajo y me encuentro a alguien que duerme contra la pared, justo encima de unas rejillas que despreden calor proveniente de conductos no muy salubres. La noche le cae encima y los pocos grados sobre cero le deben de picar por todo el cuerpo. Siempre en el mismo sitio, Rue Docteur Roux en pleno Institut Pasteur… todas las noches y todas la mañanas. Con la mirada perdida, una barba larga y sucia que cubre su piel desgastada como la de un árbol viejo. Seguramente alcoholizado…. sin ningún rumbo en su vida, más que la de obtener su única comida diaria por la que luchan 8000 personas como él en toda la ciudad. Y lo peor de todo es acostumbrarse a verlo porque cuantas más veces repites las cosas, se convierten en normalidad y rutina. Y esto no es normal!! Parece que han perdido lo único que parece que no se puede nunca perder… la condición humana. La gente ya no les mira como personas sino como parte del mobiliario de Paris, contrastando con sus bellos edificios del siglo pasado donde viven familias más que acomodadas.
Esta noche hacían 2 grados bajo cero, volvía con la bici a las 11h de la noche con las orejas cristalizadas… entro en la rue Docteur Roux, reduzco la velocidad… miro hacia mi derecha y sólo quedaba un cartón de vino tirado en el suelo y un saco de dormir vacío…
Intento expresarme con esta foto que hecho hoy mismo…
Cada día me regalaba una sonrisa. Me preguntaba que tal. Me preguntaba que tal "Madame".
Ahora me he separado de "Madame", y desde que me me mudé, no he vuelvo a ver a Jean-Claude. Quizás justamente por eso.
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