miércoles, diciembre 13, 2006
Le jardin de Luxembourg.
Las frías sillas de metal están solitarias y repartidas como hojas secas caídas al suelo esperando a que alguien se siente en ellas. Son unas sillas de color verde claro donde te puedes dormirte en el cómodo e inclinado respaldo… parecen totalmente pensadas para atraparte y perder la noción del tiempo. Sólo eres consciente de él porque el sol cae con todo su peso sin que se pueda parar y los tímidos rayos de sol que llegan hasta mi se hielan nada más tocar mi cara… cada vez más. Los árboles ya parecen haberse rendido, sus hojas se han suicidado y yacen tendidas en el suelo sin esperanza dejándose llevar sin resistencia por el viento imperante. Los mismos árboles están entonces desnudos, enseñándonos sus debilidades, su esqueleto… y las ramas negras caídas tienen formas melancólicas, simplemente esperando mejores tiempos.
Las estatuas de piedra que habitan el parque están frías, mientras que con el buen tiempo parecen sonreír y agitarse, ahora cabizbajas, no se atreven a mirar al frente por miedo a no encontrar a nadie. Ni los pájaros se atreven a posarse sobre ellas, pájaros que ya no cantan ni vuelan. Se escoden en las desnudas ramas sin éxito y pasan el día agrupados para evitar el frío, o más bien diría que se acompañan unos a otros para contarse los buenos tiempos vividos del verano.
En el parque hay un palacio del siglo XVII que es la actual sede del Senado y parece “gobernar” todo el parque captando todo el centro de atención, sin embargo la verdadera reina es la Tour Eiffel “dibujada” en el fondo, observando sin parar todo lo que ocurre como una madre. Esta vez pintada de color negro muy intenso, no hay que fiarse… me refiero al color, yo creo que hay pintores que trabajan todas las noches para cambiarla de color cada día. Bueno todo depende desde donde se mire o más bien de los ojos con los que se mire. En cualquier caso desde el Jardin de Luxembourg se tiene una buena visión maternal de ella.
Este rincón tan popular en Paris tiene a su vez cientos de rincones y vertientes y hasta en invierno se puede pasar un muy buen rato simplemente observando o contemplando la tímida vida de un frío parque.
Por cierto gracias al lector incondicional que pierde unos minutos de su tiempo para perderse entre estas líneas. Al principio estaba muy motivado con escribir, ahora la falta de tiempo y la conversión progresiva a la rutina me lo impide. Pero intento no guiarme por esta fastidiosa religión de la rutina y es una buena “obligación” ofrecer algo nuevo cuando alguien abre esta página. Algo “IMPREVU”... 7 letras solitarias y coloridas… que al juntarse resplandecen como un arco-iris. Al menos para el que sea capaz de descodificar los mensajes ocultos que siempre hay entre líneas.
creo q el Paris de las Artes te está envolviendo...pero en mis horas libres no está mal disfrutar de tu poesia =)
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