jueves, diciembre 21, 2006
Alain... Robert...
Alain contesta el mail de su amigo alegrándose por su visita sin evitar recordar los años vividos en la universidad. La noche va cayendo sobre París y también en su pequeño apartamento que sólo cobra vida por las noches al pasarse todo el día fuera de casa. Todo el ajetreo de la capital ya está parado a estas horas. Es una ciudad que tiene pocas horas de descanso, es habitual coger los últimos metros poco antes de la una de la madrugada un día entre semana y encontrarse con bastante gente corriendo para no perderlos. Gente que viene de algún cine, de cenar con algún amigo… de trabajar o de quién sabe que, todos son anónimos y están muy acostumbrados a ni siquiera mirarse los unos a los otros. Sin embargo Alain no se pierde estos pequeños detalles y se queda fijamente mirando a las personas simplemente por curiosidad mientras imagina que vida puede esconder cada mirada o expresión. Alguna cara se le queda grabada y le vienen repentinamente en noches como esta. Por suerte Alain no depende del metro lo que le facilita detenerse en estos pequeños detalles de la multitud las veces que lo utiliza, él se desplaza con una bicicleta holandesa “Gazelle” que le permite ganar mucho tiempo y sentirse totalmente libre. Cuando no hay mucho tráfico le encanta dejarse caer haciendo eses por el Boulevard Saint Michel mientras va mirando como pasan los árboles entre los balcones de hierro forjado en los bellos edificios burgueses en piedra tallada de estilo Haussmaniano.
Esta tarde venía de ver a su padre en el bar, con las persianas ya bajadas porque es la única manera que los dos encuentran intimidad y sólo así le gusta a Alain visitar a su padre en el bar y viceversa. Todavía piensa todo lo que han hablado y por este motivo esta noche sigue reflexivo y sin poder irse a la cama.
- “Alain, no puedes dejarte el trabajo ahora, es una locura… de qué vas a vivir? Estás bien en recursos humanos, te gusta lo que estudiaste y eres bueno.
- Papá tengo un contrato CPE, sabes lo qué significa? Me pueden tirar a la calle en cualquier momento… sólo estoy en prácticas y no tengo nada asegurado después, el maldito ministro Villepin nos está amargando a todos! Yo te digo que cada vez pienso más en acabar con este trabajo rutinario y dedicarme a algo interesante, algo en lo que pueda imprimir mi personalidad, expresarme…
- Pero el qué? No te entiendo hijo, ya sabes que siempre hemos confiado en ti… y que tienes una sensibilidad especial pero estás eligiendo un camino muy difícil, qué vas a hacer? Ni siquiera sabes a lo que te quieres dedicar… no puedes decir que te vas a dedicar al arte en general, te gustan demasiadas cosas. Si no focalizas tu concentración y esfuerzo te quedarás a medias con todo. No lo entiendo, parecías muy convencido cuando estudiabas sociología en la universidad, no puedes hacer ahora un giro tan brusco… te faltaría formación y llegas tarde. Mira tu amigo Tobías…
- siempre metes a Tobías, sabes que no tiene nada que ver conmigo, a mi me costó estudiar la carrera aunque me gustaba mucho, no dejaban de inquietarme otras cosas y si la termine fue en parte por se consecuente conmigo mismo.
A estas mismas horas Robert está en la cama junto a Chiara pero con los ojos totalmente abiertos sin poder dormir, tiene en su pensamiento la conversación con Alain como un globo aerostático suspendido en medio del cielo, sin moverse apenas y sin poder de maniobra… simplemente dejado llevar por el viento, por otras fuerzas que no puede controlar. Esas fuerzas que le vienen te dan adentro, el amor tan fuerte que siente por su hijo que le impiden actuar con la razón. Se arrepiente de lo que le ha dicho, pero ya es demasiado tarde, ahora le viene a la cabeza una película de Adolfo Aristarain que vio en los cines La Latina, que narra la a veces difícil relación entre un padre y un hijo. Federido Lupi le pareció que actúo magistralmente expresando con suma delicadeza su fragilidad ante su hijo enmascarada por rudeza y frialdad cuando está con él. En una escena el padre se derrumba cuando le habla a un amigo sobre su hijo, diciendo que si le pasa algo él se muere, simplemente deja de existir, de ser él. Forma parte de su cuerpo y cualquier cosa que le pase, lo resiente él también. Robert tiene una sensación exactamente igual, y es que ver como crece a tu lado día a día alguien en quien piensas todos los días no es cualquier cosa, conoce todos sus pasos y ha sido él quien le ha marcado un camino de forma muy indirecta.
Etiquetas: colorantes vegetales
Dentro de pocos días,el 25 de Diciembre,conmemoramos dos acontecimientos.El nacimiento y la muerte de dos revolucionarios sociales pacifistas.
El primero,el nacimiento de Jesús de Nazareth,revolucionario peculiar donde los haya que,sin apenas levantar la voz,propuso la igualdad entre los hombres y el amor a un Dios único,creador de todas las cosas.Pasados 2000 años sus múltiples seguidores,apoyados en sus principios de Fé,Esperanza y Caridad,mantienen viva su doctrina.
El segundo acontecimiento es la muerte,hace 43 años,de Samuel Rosenstock,alias Tristán Tzara,lider y promotor junto a otros contemporáneos suyos de un movimiento revolucionario,el Dadaísmo,que rechaza toda tradicón anterior,sobre todo en la cultura occidental,cuestiona el orden establecido y los conceptos del Arte y de la Cultura desde el Renacimiento.Es antidogmático y antieucarístico.Basa toda su fuerza en la libertad desenfrenada del indivíduo y en su espontaneidad.Si bien desde el punto de vista del "yo",como reafirmación,podría ser aceptable,desde el punto de vista social,del ser que vive con otros seres,es bastante imposible.De hecho a sus 35 años fue abandonando un poco su doctrina radical e introduciéndose en corrientes surrealistas que antes había rechazado.
El conservadurismo que nos alcanza y envuelve con la edad y con la idea social de familia y estado proteccionistas,acaba por destrozar las ideas limpias de rechazo a la injusticia,de inconformismo,de radicaliad ante el orden social constituído,de nuestra juventud.La sociedad con todos sus defectos,también con sus bondades,nos engulle poco a poco.
De vez en cuando aparece un iluminado que brilla sobre los demás,consigue despertar de su letargo ese ánimo de revolución latente en un gran número de personas y logra (por la fuerza física o por la fuerza de la palabra) que se realicen algunos cambios.Con los años todo vuelve a la normalidad viciada.Luego otro revolución.Más represión.Y así contínuamente.
Está claro que la sociedad debería ser el reflejo del hombre,pero cada vez con más facilidad el hombre es reflejo de la sociedad.Conseguimos que se retrase nuestra decadencia física pero aceleramos nuestra decadencia del "yo".
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