viernes, noviembre 03, 2006
Dos ideas... metro e imágenes.
Es imposible vivir en una gran ciudad sin detenerse a sentir algo especial en el metro. Es un espacio común a todas las grandes ciudades y es el único lugar donde podrías estar en cualquier ciudad sin saber de cuál de ella se trata. El subsuelo es inhumano, pero se ha colonizado totalmente por un mundo subterráneo donde se funden los ciudadanos por los infinitos túneles. Las multitudes siguen los caminos marcados como hormigas, sin hablarse, cada uno con su fin y salirse del camino significa la muerte. En los vagones se comparte un ambiente a la vez impersonal e íntimo, el espacio es mínimo y estás rodeado de desconocidos, esto parece obligar a forzar la mirada al infinito y no mirar a ninguna parte. Hay cientos de historias personales y destinos distintos en pocos metros cuadrados, si eres curioso es inevitable preguntarse algo de algunas personas que ves o que te llaman la atención por algo. Alimentado por la monotonía y repetición de los circuitos, las miradas se cruzan entre unos y otros sin embargo es de “mala educación” mirar directamente a los ojos.
En fin el metro me parece un espacio muy interesante, en concreto el de París es muy eficiente y puedes recorrer toda la ciudad por debajo, está lleno a todas horas y en todas las líneas. El arte y la estética, dignos de la cultura francesa, no están descuidados. Una idea de homogeneidad recorre todas las estaciones, unos ladrillos blancos y limpios rellenan todas las bóvedas, grandes cuadros con anuncios de teatros completan las estaciones, que están señaladas con un azul intenso y letras blancas. Forma parte de la ciudad y forma parte de cada usuario, es un espacio común. Todo el mundo lo conoce y todo el mundo entiende sus reglas. También muestra las miserias de este mundo de reglas.
No es raro encontrarse en cualquier metro del mundo, y también en París, gente tirada por los pasillos pidiendo dinero, mientras ejecutivos siguen con paso firme hacia delante. Se juntan todas las diversidades de culturas y también las diferencias sociales, se aprecia al instante, ya sea por la vestimenta o por la mirada, el “origen” de esa persona. El ejecutivo o la señora con un buen abrigo están obligados a compartir ese espacio a pesar de la indiferencia o incomodidad de estos.
Los que llaman mucho la atención son los turistas, con miradas inseguras mirando hacia todos los lados o hablando muy fuerte en grupos. Al fin y al cabo todos somos turistas en algún momento. En ese momento especial de turismo hay imágenes que se quedan grabadas, símbolos especiales que se recuerdan cuando has pasado un tiempo en una ciudad. A veces los más insignificantes como los carteles del metro, sus insignias que luego sin saber por qué echas de menos.
Estos son los metros que he utilizado en algunas ciudades… (en desorden, Vienna, Salzuburgo, Berlín, Londres, Munich, Roma, San Francisco, Los Angeles, Barcelona, Madrid, Valencia y París)

En fin el metro me parece un espacio muy interesante, en concreto el de París es muy eficiente y puedes recorrer toda la ciudad por debajo, está lleno a todas horas y en todas las líneas. El arte y la estética, dignos de la cultura francesa, no están descuidados. Una idea de homogeneidad recorre todas las estaciones, unos ladrillos blancos y limpios rellenan todas las bóvedas, grandes cuadros con anuncios de teatros completan las estaciones, que están señaladas con un azul intenso y letras blancas. Forma parte de la ciudad y forma parte de cada usuario, es un espacio común. Todo el mundo lo conoce y todo el mundo entiende sus reglas. También muestra las miserias de este mundo de reglas.
No es raro encontrarse en cualquier metro del mundo, y también en París, gente tirada por los pasillos pidiendo dinero, mientras ejecutivos siguen con paso firme hacia delante. Se juntan todas las diversidades de culturas y también las diferencias sociales, se aprecia al instante, ya sea por la vestimenta o por la mirada, el “origen” de esa persona. El ejecutivo o la señora con un buen abrigo están obligados a compartir ese espacio a pesar de la indiferencia o incomodidad de estos.
Los que llaman mucho la atención son los turistas, con miradas inseguras mirando hacia todos los lados o hablando muy fuerte en grupos. Al fin y al cabo todos somos turistas en algún momento. En ese momento especial de turismo hay imágenes que se quedan grabadas, símbolos especiales que se recuerdan cuando has pasado un tiempo en una ciudad. A veces los más insignificantes como los carteles del metro, sus insignias que luego sin saber por qué echas de menos.
Estos son los metros que he utilizado en algunas ciudades… (en desorden, Vienna, Salzuburgo, Berlín, Londres, Munich, Roma, San Francisco, Los Angeles, Barcelona, Madrid, Valencia y París)

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