Paris es como una casita de muñecas, todos los detalles están bien estudiados y siempre quedan rincones por descubrir que te sorprenden como a un niño un juguete nuevo. Lejos de las zonas más conocidas y de los grandes monumentos imponentes hay esparcidos pequeños rincones anónimos, minimalistas y diseñados con la máxima sensibilidad y detenimiento. Hasta en estos lugares no hay tiempo para construir racionalmente porque aquí sólo cuenta crear sensaciones y responder a ellas es inevitable y lo mínimo que podemos ofrecer ante tanta minuciosa dedicación. Me refiero a entradas de metro donde el hierro verde se convierte en hojas y ramas verdes modernistas, parece que la tierra te traga literalmente cuando entras en su mundo. También a esas pequeñas plazas circulares con cuatro árboles guardianes en el medio, simplemente mirando a cada uno de los transeúntes tendiendo una mano para acercarles al centro y detenerlos inevitablemente unos segundos para no pensar en nada. Pero además algunas pequeñas callejuelas solitarias hasta el día más festivo donde sólo viven 3 farolas que no descansan en ningún momento de la noche por si una pareja de enamorados quiere fundirse en un beso improvisado bajo el abrigo cálido de su luz. No lejos de ahí miles de adoquines dispuestos en círculo alrededor de otra plaza, uno junto al otro dejando una espacio calculado para que cuando pases por encima con un vehículo a ruedas produzca un dulce traqueteo. En esta misma plaza diferentes calles quieren ser protagonistas y se abalanzan sobre ella, las contraventanas de las casas quedan abiertas como con los ojos abiertos para no perder detalle…
En resumen, aquí nada está hecho con la cabeza, y no sé por qué me da la sensación que las mejores hazañas se consiguen sin pensar… simplemente dejándose llevar por la intuición, las sensaciones…
Dentro de poco voy a recibir varias visitas esperadas, llevo poco más de 3 meses en Paris… qué tengo que mostrales?
PD Alain, Robert y Tobías… siguen con sus motivaciones… pronto el capítulo 2.